EDUCANDO MASCOTAS

      

©2002

PERROS
Cachorros /  ADULTOS
-A partir de que edad un cachorro empieza a comprender dónde hacer sus necesidades y porqué?(Ej.: control de esfínteres)
-¿Como Comenzar a enseñarle a un Cachorro?
-¿Como actuar cuando un Perro hace sus necesidades donde No corresponde?
-¿Cual es la mejor Raza Canina?
-
¿Cómo Evitar que destruyan los muebles o mordisqueen,  si no aceptan los juguetes?
-¿Cómo Evitar que destruya los muebles, ladre o aúlle cuando el perro se queda Solo?
-¿Qué Beneficios trae la Motivación o incentivaciòn temprana?
-¿Qué beneficios trae el Aprendizaje temprano?
-¿Cuál es la Edad ideal para comenzar la educación del cachorro?
-¿Cuál es la mejor manera de Educar un Cachorro?
- ADIESTRAMIENTO: por qué, cuando y cómo
-
¿Cómo Elegir un adiestrador?
-¿Cómo Separar a los Perros cuando se están Peleando?
-¿Cuando un Perro se Escapa ¿conviene correr detrás de él?
-¿Como Evitar los ladridos o llantos  cuando son constantes en una casa o dto. ?
-¿Como recoger un Perro de la calle?
-Características de un Callejero
GERONTES
¿Cómo se comunica un dueño con un perro que ya “no escucha ni ve”? sobretodo ante una orden de NO  para evitar que se accidente o salte.
GATOS
-¿Cómo Enseñarles a usar la bandeja o yacija sanitaria ya que no todos la
aceptan?
-¿Cómo Adaptarlos para las vacunaciones y demás Controles Veterinarios?.
-¿Cómo se Toma a un Gato, siendo que casi siempre se muestran hostiles?
-¿Cómo se puede que separar a los gatos cuando se están peleando entre ellos?
GENERAL
-
¿Cómo Acercarse a un animal Herido perro/gato?
-¿Cómo Reprenderlos?
-
Criterios que hay que tener en cuenta si uno decide Adoptar un Perro!
-¿Que razas no hay que sobrexcitar?
-¿Como Elegir un Criadero Confiable?

    

Los cachorros de perro a diferencia de los bebés humanos son capaces de controlar sus esfínteres a edad muy temprana. 
Esto es fácilmente demostrable mediante la observación del comportamiento de eliminación.  No bien los cachorros son capaces de movilizarse por sus propios medios, tienden a alejarse del sitio donde duermen al momento de realizar sus deposiciones.  Además, como todo dueño más o menos observador habrá notado, los cachorros al llegar a su nuevo hogar ya no orinan ni defecan mientras duermen

La forma correcta de enseñarle a un cachorro a eliminar sus deposiciones en un lugar determinado depende del tipo de hábitat y del lugar elegido dentro del mismo. En el caso de una casa con jardín, si uno desea que el cachorro elimine en un sector del mismo, el método consiste en algo tan simple como llevar al cachorro a ese sitio en los momentos en los que sea más probable que el cachorro tenga ganas de hacer pis o caca. Esto es luego de que se levante de dormir, luego de jugar, de comer y de tomar agua. Uno debería permanecer junto a él hasta que la tarea esté cumplida para luego premiarlo por su buen comportamiento. Sólo después el cachorro podrá entrar nuevamente en la casa y permanecer en ella durante el tiempo en que pueda ser controlado. El resto del tiempo deberá permanecer en el jardín o en un lugar con libre acceso al mismo.

Si en cambio se trata de un departamento, lo más adecuado consiste en dejar al cachorro en un determinado espacio el cual deberá estar totalmente cubierto por papeles de diario; salvo el lugar destinado al agua y al alimento. A medida que pasan los días se van quitando en forma muy gradual las filas de diarios más cercanas al área de alimentación. De esa forma a lo largo del tiempo dejaremos sólo unos papeles de diario en el sitio elegido, el cual obviamente estará en el extremo opuesto del área de alimentación. Durante el tiempo que demanda la educación, el cachorro sólo podrá ingresar al resto del departamento si está bajo control.

Si un cachorro elimina en un lugar indeseable en ausencia del propietario, no debe ser reprendido.  Esto es así simplemente porque el animal no entenderá el porqué del castigo.  Cuando un cachorro se comporta de esta manera no experimenta sensación desagradable alguna. Sin embargo, cuando el dueño reprende su conducta, el animal aprende el mensaje.  Si él orina en un lugar inadecuado en ausencia de su propietario, el mejor camino para evitar el castigo será esconderse de su vista cuando el dueño entre en la casa.  Este mensaje no es el buscado por el propietario; sin embargo, es lo que el cachorro entiende.

Los perros no pueden razonar como pretenden sus dueños, que castigan al animal queriéndole decir: "Yo te castigo por tu mala conducta.  Espero que no lo vuelvas a hacer, ya que ésta es la única manera de evitar el castigo." Los perros no están en condiciones de asociar un determinado comportamiento con una reprimenda si ésta no es propinada en el preciso momento de la mala conducta. 
Si por el contrario la reprimenda es proporcionada cuando el cachorro recién se apresta a eliminar sus deposiciones, la misma podrá ser más efectiva. Sin embargo, esto no alcanza ya que luego de la reprimenda se deberá llevar la cachorro, sin mostrar enojo alguno, al lugar adecuado y dejarlo allí hasta que haya cumplido su cometido.  

Es imposible discutir si una raza es mejor que otra en términos absolutos, ya que todo depende del cristal con que se la mire. 
Por ejemplo, existen razas que se adaptan mejor a ambientes pequeños, otras que tienen mejor aptitud como perros de guardia y otras más juguetonas.  Ninguna reúne todos los requisitos para satisfacer las necesidades de todas las personas. 
En realidad podemos decir que existe un perro para cada persona, pero "no" una raza para todas las personas (ver perfiles comportamentales de las diferentes razas).

Si uno desea adoptar un perro mestizo y debido a que en ellos es difícil conocer su perfil comportamental, resultaría de utilidad conocer y evaluar a los padres del cachorro a fin de obtener alguna información acerca del comportamiento que podría manifestar el animal al llegar a la adultez.

En lo que respecta a la edad del cachorro, lo más aconsejable sería incorporarlo a su nuevo grupo familiar cuando éste tenga alrededor de cuarenta y cinco a cincuenta días de vida, edad adecuada para facilitar la socialización con el grupo.

Por último, antes de adoptar un perro, es esencial tener en cuenta que el carácter de un individuo en la edad adulta depende fundamentalmente de las experiencias y del aprendizaje y no de factores genéticos, por lo que la educación que reciba el cachorro será de vital importancia en el comportamiento del perro en la adultez.

Uno de los comportamientos indeseables que suelen presentar los perros en su convivencia con los seres humanos es la destructividad de muebles u otros objetos. 

Para revertir esta conducta primero es necesario, como en todos los casos, conocer las causas por las que un perro rompe cosas.  Entre las más frecuentes figuran:

  •  la necesidad de experimentar el gusto y la textura de los objetos que están en el ambiente, habitual en los cachorros;

  • el aburrimiento, tanto en cachorros como adultos;

  • el aprendizaje, en juveniles;

  •  y, finalmente, como un modo de aliviar tensiones,
           no importa la edad del perro.

Si de cachorros se trata, hay que tener en cuenta que suelen ser sumamente curiosos y que esta curiosidad en general está orientada hacia todo lo nuevo.  Por eso, al igual que los bebés, suelen llevarse a la boca diferentes objetos que están a su alcance.  La diferencia radica en que los filosos dientes del cachorro y sus poderosos músculos masticatorios tienen un poder de destrucción suficiente para dañar cualquier tipo de objeto.  Por este motivo al principio de la convivencia es importante preocuparse por:

  • Proporcionarle al cachorro diferentes objetos que sean adecuados para que se los lleve a la boca. 
    Es mejor no darle cuatro o cinco "chiches" y dejárselos a su disposición en forma permanente ya que seguramente se aburrirá y buscará algún objeto novedoso en lugar de los que tenía destinados para él.

  • Poner fuera del alcance del cachorro aquellos objetos preciados hasta tanto el perro sea más grande.

Si la destructividad por aburrimiento ocurre cuando el perro, ya sea cachorro o adulto, permanece solo en la casa durante varias horas al día, resultará conveniente además sacarlo a hacer una larga caminata media hora antes de que su dueño se vaya de la casa y media hora después de su regreso.  De esta manera se le brinda al animal la posibilidad de distraerse y cansarse.  Como consecuencia no sólo se aburrirá menos sino que también eliminará tensiones durante el ejercicio y tendrá menor necesidad de morder y romper objetos.

Finalmente, otra forma de prevenir el comportamiento destructivo es no darle al perro zapatillas viejas, medias viejas o cualquier otro objeto, ya que probablemente el animal no diferencie estos objetos viejos de los nuevos, que sí tienen valor para su propietario.  Es frecuente observar cómo perros que han sido estimulados a jugar, por ejemplo, con zapatillas o ropa vieja terminan destrozando zapatillas nuevas.

Por supuesto que la mayoría de las veces el comportamiento destructivo suele ocurrir en ausencia del grupo familiar, es decir, cuando el perro está solo.  También en este caso la mayoría de los propietarios suelen castigar al animal cuando regresan a su casa y se encuentran con los restos de sus preciados objetos.  Sin embargo, esta actitud no sólo no suele ser adecuada ni eficaz para corregir esta mala conducta sino que además puede contribuir a empeorarla.

Debido a que los perros son animales altamente sociales suelen sufrir estrés cuando son separados del grupo social al que pertenecen.  Cuando un perro es aislado y privado de la compañía de otro individuo, ya sea un congénere o un compañero humano, puede manifestar diferentes reacciones dentro de lo que denominamos “ansiedad por separación”.  Entre las más comunes podemos mencionar orinar y defecar dentro de la casa, ladrido excesivo, ruptura de objetos, arañar las puertas de acceso a la casa, aullidos permanentes.  Desde ya que cualquiera de estas conductas se puede manifestar por distintos motivos, además de la ansiedad por separación.  Por lo tanto, es esencial tener en cuenta cuáles son los indicios de que éste puede ser el problema.

El más importante es que estas conductas ocurren cuando el perro es dejado solo en la casa.  Otros hechos relevantes que pueden ser indicativos de ansiedad por separación son: el perro se altera emocionalmente unos minutos antes de la partida del propietario, comienza a ladrar, aullar y/o a arañar la puerta en forma inmediata después de que se marcha, recibe a su dueño muy efusivamente, como si hiciesen años que no lo ve, aunque la separación haya sido de sólo treinta minutos.  Hay que tener en cuenta que su causa es siempre la angustia del animal por la soledad y que jamás se trata de venganza ni de bronca porque su dueño lo dejó solo
Por eso si una persona regresa a la casa después de algunas horas de ausencia y encuentra que su perro ha hecho todo tipo de desastres, no debe castigarlo ya que así no sólo no solucionará el problema sino que posiblemente lo agravará.

Para solucionar este trastorno de comportamiento será necesario la implementación de un tratamiento por parte de un médico veterinario especializado en comportamiento animal.
Sin embargo, mientras tanto, la manera adecuada de corregir este comportamiento indeseable es mediante las denominadas "partidas programadas".  Esta técnica consiste en dejar solo al perro por muy breves instantes a fin de que no experimente la sensación de angustia y luego aumentar gradualmente el tiempo de exposición a la soledad.  Además se deberá eliminar toda situación que genere ansiedad en relación con la partida y la llegada.  Tanto al irse como al regresar a su domicilio, el dueño no debe saludar ni hablarle al perro durante unos minutos a fin de no aumentar el compromiso emocional del animal.

Por todo lo dicho resulta de vital importancia que el dueño de un perro acostumbre a su animal a quedarse solo en la casa a edad temprana, es decir, desde que el cachorro se incorporó a su nuevo hogar.  De esta manera, el pequeño se acostumbrará a tolerar la soledad sin experimentar ningún tipo de angustia.

La vivencia por parte de un cachorro de experiencias tempranas no traumáticas es de vital importancia para su desarrollo comportamental.  A través de estas experiencias es necesario que el cachorro se vea expuesto a una gran variedad de situaciones tales como el tránsito de vehículos, la presencia de seres humanos extraños, ruidos, olores, y demás. La ausencia de diversidad en el medio ambiente temprano tiene como consecuencia el excesivo temor a lo nuevo en la vida ulterior. Se ha comprobado que la restricción de las experiencias iniciales tiende a afectar adversamente buena parte del aprendizaje del perro joven y adulto. Diversos estudios mostraron que cachorros que fueron aislados a edad temprana sin posibilidad de experimentar situaciones variadas manifestaron luego, a la edad de siete a diez meses, reacciones exageradas en cuanto a su nivel de actividad y al comportamiento de curiosidad.  A su vez estos animales evidenciaron mayor lentitud en el aprendizaje.  Además de estas respuestas lentas estos estudios también mostraron que no sólo la capacidad de aprender sino también la de percibir el dolor podrían menoscabarse en los cachorros cuyas experiencias sensoriales habían sido restringidas.

Finalmente, un dato importante relacionado a las experiencias tempranas es el fenómeno denominado "impronta del temor", que ocurre entre la octava y la décima semana de vida de los cachorros.  Toda experiencia traumática que sufra el cachorro en este período será difícilmente olvidada.  Por esta razón, durante ese tiempo debe evitarse la exposición a estímulos que causen temor.

La mayoría de los comportamientos requieren, para manifestarse adecuadamente, de la experiencia y del aprendizaje. Por otro lado, la mayoría de las experiencias tempranas son la base del aprendizaje temprano y ambos son fundamentales para dar al organismo destrezas preceptúales y motrices esenciales para el normal desarrollo comportamental del individuo.

El comportamiento de eliminación de los cachorros resulta un ejemplo sumamente interesante.  Sin necesidad de experiencia previa ni de aprendizaje un cachorrito de cuarenta y cinco días de vida no orina ni defeca donde duerme, sino que se aleja una cierta distancia de ese lugar para hacer sus necesidades fisiológicas.  Sin embargo, para que el cachorro orine y defeque en un lugar determinado, como pretende la mayoría de los propietarios, es muy importante el aprendizaje temprano. Este tipo de aprendizaje es aquel que ocurre en la primera etapa de la vida de un ser vivo ya sea éste humano o animal y si bien es lento puede ser de efecto casi permanente, constituyendo además la base del aprendizaje ulterior.

Si bien el tiempo de concentración es breve, ya a partir de los dos meses de vida los cachorros  tienen capacidad de un aprendizaje estable.  Esto resulta lógico si pensamos que la supervivencia del individuo estaría en peligro si al principio de la vida no fuese posible algún aprendizaje.

En este punto es importante hacer una diferenciación entre los términos educación e instrucción.  La educación consiste en dar a conocer al ser que se está educando los valores y las normas de conducta necesarias para la convivencia.  De la misma manera que la educación de los chicos la deben realizar sus padres, la educación de los perros la deben llevar a cabo sus dueños y debe comenzar necesariamente desde el inicio de la convivencia.

En cambio, la instrucción consiste en brindarle al individuo la posibilidad de aprender una amplia variedad de cosas que en el caso de los niños los prepara para un futuro independiente de sus padres, mientras que en el de los perros cumple la función de que el animal aprenda determinados ejercicios que serán útiles durante la convivencia de tipo dependiente que se establece con su propietario.  De esta forma los padres envían a sus hijos a la escuela a instruirse, mientras que los dueños de perros deben decidir en cada caso particular la necesidad de instruir o no a su animal.

Para llevar a cabo la educación de un cachorro con el objetivo de lograr una convivencia en armonía, es importante recordar que los perros se comunican entre sí a través de gestos y posturas.  Por eso para un cachorro es mucho más importante lo que su dueño hace que lo que su dueño dice, aunque por su capacidad de aprendizaje el animal rápidamente asociará dichos con hechos.  Por esta razón es fundamental que lo que un dueño haga se corresponda con lo que diga, algo No muy común en la mayoría de las personas.

Mediante el siguiente ejemplo es posible observar la incongruencia habitual entre dichos y hechos.  Cuando un perro se muestra inquieto y perturba a su dueño, es usual que le pida a su animal que se quede quieto tratando a su vez de agarrarlo y reprenderlo por su mala conducta.  Si el perro no lo satisface, el dueño comienza a ponerse nervioso y exagera sus movimientos tratando de agarrar al huidizo animal, al tiempo que le repite que se quede quieto.  Sin embargo, la mayoría de los perros no obedecen porque no comprenden el mensaje verbal de su dueño, sino su lenguaje corporal, que, en este caso, son los movimientos rápidos. 
En realidad, para pedirle serenidad a un perro, uno debe quedarse quieto y esperar a que el animal responda al código comunicacional que está en condiciones de entender fácilmente.

La educación debe comenzar desde el momento que su cachorro ingresa a su hogar. El aprendizaje de su cachorro es permanente, por lo tanto las normas de educación deben respetarse las 24 horas del día. La motivación es la base de este proceso, el castigo sólo un complemento. El manejo debe ser consistente: uno debe respetar los horarios de las comidas, los paseos y la cantidad de ejercicio.

El mensaje verbal, íntimamente relacionado al corporal, debe ser de tres tipos: tono de orden, tono de premio, tono de reprimenda. Las caricias deben ser dadas como premio y deben ser de corta duración. El castigo, cuando esté indicado, debe estar directamente relacionado con el comportamiento en cuestión y aplicado en el preciso instante en que éste se produzca. Debe ser breve, efectivo y no exagerado, caso contrario no será eficaz y producirá efectos indeseables tales como miedo, ansiedad y agresión.

No es de utilidad castigar al cachorro luego de realizado un acto inadecuado. Esto no sólo es ineficiente sino que puede alterar profundamente el vínculo con su animal lo cual puede traer aparejado que su perro se manifieste temeroso o agresivo con uno.

El propósito de la educación es lograr una convivencia en armonía y
por lo tanto debe apuntar a disminuir la ansiedad del cachorro.

Teniendo claras las diferencias conceptuales entre educación e instrucción o adiestramiento, resulta útil saber que el adiestramiento en obediencia forma parte de la educación que puede recibir un perro.  Sin embargo, salvo en los perros de trabajo, este tipo de entrenamiento no debe considerarse un fin en sí mismo sino un medio que facilite la obtención de un fin.  Es decir que el entrenamiento de obediencia puede ser un buen medio para facilitar la educación de un perro, pero no debe ser tomado como la educación en sí misma.

Los perros son individuos altamente sociales y tienden a vivir en grupos, característica que tiene su origen en su antecesor salvaje, el lobo. A su vez la sociedad que forman los lobos, los perros entre sí y los perros con sus propietarios es de tipo jerárquica, en la que existe una relación liderazgo-dependencia y dominancia-sumisión. De esta manera uno puede mediante el entrenamiento de obediencia enseñarle al perro determinados ejercicios -tales como acudir al llamado, sentarse, echarse, etcétera- que si son obedecidos por el perro contribuyen a clarificar el mensaje acerca de quién es el líder y quién es el dependiente dentro del grupo.

Es esencial considerar que si este proceso no forma parte de un programa más amplio, que es la educación, deja de tener utilidad práctica para transformarse en un acto artificial, en el que el animal sólo responderá a las órdenes del entrenador y no a las de su propietario. 

Con respecto a la edad apropiada, los seis meses de vida podrían ser un buen momento para comenzar con las clases de obediencia.  Debido a que este tipo de entrenamiento puede contribuir a mejorar la convivencia, la participación del propietario en el proceso es de vital importancia.  Por eso yo no aconsejo enviar a un perro a una escuela canina sino, por el contrario, que el animal permanezca en su hábitat.  Esto, además de evitar el estrés producido por la separación del perro de su grupo familiar, permite monitorear permanentemente la interacción entre ambos, algo de suma utilidad para evaluar la eficacia del entrenamiento de obediencia.

Este tipo de adiestramiento puede ser llevado a cabo por el propio dueño o por un entrenador.  En el primer caso el propietario debería estudiar previamente conceptos básicos acerca de mecanismos de aprendizaje y contar con el tiempo necesario para ponerlos en práctica. Si el encargado del entrenamiento de obediencia es un adiestrador, es necesario elegir una persona idónea.  Debido a que en la actualidad para ser entrenador canino no hace falta otro requisito más que decir que uno lo es, elegir una persona competente no suele ser sencillo.

Entre las características a tener en cuenta para seleccionar a un adiestrador todo propietario debe saber que la persona en cuestión tiene que explicarle previamente cómo realizará el entrenamiento, qué duración tendrá cada clase, quiénes podrán participar del proceso, cuántas clases serán necesarias, qué mecanismos de aprendizaje aplicará y qué elementos usará para el adiestramiento., entre otras cuestiones.  Si el entrenador se muestra amable y predispuesto a brindar todas estas explicaciones y además muestra conocimientos profundos acerca de su trabajo, recién puede decidirse la contratación de sus servicios.

Una vez comenzado el entrenamiento de obediencia será necesario evaluar periódicamente la respuesta del perro.No sólo deberá observarse si el animal responde a las consignas, sino también su estado de ánimo y la forma en que interactúa con el entrenador a fin de comprobar si está siendo sometido a una experiencia placentera.  Finalmente, el dueño deberá testear si la obediencia del perro es la adecuada para con todos los miembros de la familia, que es el objetivo a lograr cuando una persona decide entrenar a un animal en clases de obediencia.

En primer lugar uno debería saber que si intenta separar dos perros que se están peleando existe un alto riesgo de ser mordido por uno o ambos animales. Esto es así debido a lo que denominamos agresión redirigida. Esto significa que un animal redirige su agresividad hacia el individuo que trata de separarlo de la pelea. Este comportamiento no es totalmente voluntario sino que sucede porque un animal altamente excitado muchas veces no puede inhibir su agresividad si es repentinamente separado de su contendiente.

Sin embargo, si teniendo en cuenta el mencionado riesgo uno aún desea intentar separar a dos perros que se pelean, necesitará la ayuda de otra persona. Cada una de las personas toma a cada perro por sus miembros posteriores y una vez conseguido esto ambas personas al mismo tiempo levantan ambas patas de los perros. Este accionar genera una gran inestabilidad de los perros en el espacio lo cual tornará más probable la separación de ambos.   

Para responder esta pregunta nada mejor que un ejemplo. A Juan se le escapó su perro Tadeo. Juan lo corrió pero no pudo alcanzarlo por lo que exhausto se detuvo a descansar. Al cabo de unos minutos Tadeo regresó y fue castigado. Seguramente el pretendido mensaje era: “Te reprendo porque te escapaste, espero que no lo vuelvas a hacer”. En cambio Tadeo entendió: “volví y me castigaron”. Conclusión: el problema para Tadeo no era escaparse sino volver.

De esta manera vemos que si un perro se escapa, la mejor forma de agarrarlo consiste en correr para el lado opuesto llamándolo como si estuviéramos jugando o como si fuésemos nosotros los que nos escapamos. Esta actitud suele provocar que el perro inmediatamente cambie su recorrido para seguir el nuestro.
Luego al agarrarlo será necesario felicitarlo por haber vuelto.
Desde ya esto no impedirá que el perro vuelva a escaparse, ya que esto requerirá una educación y un entrenamiento, pero al menos permitirá recuperar al animal y no agravar el problema.

Si el ladrido de un perro no se produce en forma momentánea inducido por un estímulo externo amenazante sino que es una constante, deja de ser una característica positiva para constituirse en un comportamiento indeseable, sobre todo para aquellas personas que conviven con sus perros en departamentos.

Si bien el ladrido de un perro es un comportamiento normal, genéticamente programado, que cumple tanto las funciones de aviso o alarma para los miembros de un grupo de pertenencia como la de amenaza hacia extraños que intenten penetrar en su territorio, también puede ser emitido por muchas otras razones y en las circunstancias más diversas.  Una de las causas más frecuentes por las que un perro comienza a ladrar es la denominada facilitación social.  Este término se utiliza para explicar aquellos comportamientos que un animal realiza cuando es estimulado por otro animal que ejecuta la misma conducta.  Es habitual que cuando un perro del vecindario comienza a ladrar sea seguido por el resto de los perros del lugar.

Debido a que en la mayoría de los casos no es posible corregir la causa que origina el problema, una forma adecuada para revertir este comportamiento puede ser estimular al perro a realizar un comportamiento incompatible con el ladrido, como por ejemplo, pedirle que obedezca una determinada orden y premiarlo por su respuesta adecuada.  Por supuesto que es posible aplicar esta técnica si uno está presente cuando el perro comienza a ladrar.  Por el contrario, si el perro se encuentra solo cuando es estimulado a ladrar por sus congéneres vecinos, nada se puede hacer para modificar la situación, salvo esperar a que el animal que dirige el "coro" decida dejar de ladrar.

Otra de las causas frecuentemente responsables del ladrido excesivo es la frustración socialLos perros son animales altamente sociales, que disfrutan de la compañía de sus dueños.  Muchos propietarios les permiten a sus animales disfrutar de su compañía hasta que por alguna conducta indeseable del animal deciden encerrarlos . Esta actitud humana genera un gran desconcierto en el perro y, sumada a la frustración producida por la separación y la consiguiente soledad, induce a muchos perros a ladrar descontroladamente a fin de eliminar las tensiones. Por eso es tan importante acostumbrar a un perro desde su etapa de cachorro a quedarse solo en forma gradual a fin de evitar alterar su estado emocional en forma repentina.

Otra razón que induce a los perros a ladrar excesivamente es el aburrimiento.  Cuando un perro está solo por varias horas se aburre y una de las actitudes que puede tomar ante esta situación es ladrar. 
Lo conveniente es tratar de no dejar solo a un perro por largos períodos o, cuando no hay más remedio, dejarle objetos que llamen su atención y que pueda morder a fin de que se distraiga.

Pero también en este punto el aprendizaje puede jugar un rol sumamente importante.  Es común observar cómo un propietario termina haciendo lo que su animal pretende con tal de que haga un poco de silencio.  Compartir la comida con él, dejarlo ir a dormir a la pieza con los chicos o salir corriendo a dar un paseo porque el ruido producido por el ladrido del animal se torna insoportable, son sólo algunos ejemplos.  Sin embargo, jamás hay que olvidar que los perros tienen una gran capacidad de aprendizaje y que rápidamente captarán que el mejor camino para obtener lo que desean será ladrar.  Por eso es imprescindible evitar este comportamiento indeseable no "premiando" a un perro por emitir el ladrido. Si esta conducta ya está instalada uno de los mejores caminos a seguir será ignorarlo hasta que perciba que ladrar no le garantiza llamar la atención de su dueño, sino más bien todo lo contrario.

Si uno se encuentra repentinamente con un perro que no conoce, siente lástima o se siente atraído por él y desea llevárselo a su casa, resulta importante no sólo guiarse por el corazón sino también por la razón. Es decir no tomar una medida apresurada si uno no está seguro de luego poder ejercer una tenencia responsable. Ahora bien si uno está seguro de poder brindarle los cuidados mínimos necesarios y por lo tanto decide recogerlo de la calle, será necesario tomar algunas precauciones. Resulta importante no acercarse bruscamente hacia el perro ya que puede asustarse y por lo tanto escaparse o agredir. Si por el contrario es el perro quien se acerca a uno también se debe ser precavido antes de intentar agarrarlo. Más vale tomarse un tiempo para ver si se deja acariciar y si uno camina observar si el perro lo sigue. Si es así es mucho menos probable, aunque no seguro, que el perro intente agredir o escapar ante el intento de agarrarlo. Desde ya luego de tomada la primer decisión, hay que tomar una segunda y esta es solicitar una consulta con un médico veterinario a fin de que pueda evaluar el estado de salud de nuestro nuevo compañero.

 

Existen dos tipos de perros callejeros:


  1. Uno es el perro parcialmente callejero, es decir aquél que tiene un hogar y dueño irresponsable que le permite andar solo por la calle en determinados momentos del día, rodeado de los peligros de la ciudad y además pudiendo causar un daño a un tercero y

  2. otro es aquel perro totalmente callejero cuya situación es exclusivamente responsabilidad de la persona que lo abandonó. Tanto unos como otros no tienen características comportamentales determinadas sino que su comportamiento depende de su adaptación al medio.

Los perros se comunican con los humanos principalmente a través de gestos y posturas y en menor medida a través de los sonidos. Por lo tanto si un perro no ve ni escucha es casi imposible, sin contacto físico, comunicarse con él.
Debido a esto la mejor forma de evitar accidentes consiste en proveer al animal de un ambiente seguro y conocido para el mismo en el cual no haya lugares que sean peligrosos.
Con estas medidas y si la capacidad olfativa del perro no está disminuida éste podrá adaptarse a su situación en forma bastante segura.

Los gatos son animales muy meticulosos a la hora de elegir un lugar para eliminar sus deposiciones. Suelen buscar una determinada superficie, generalmente de textura fina, y un determinado lugar que obviamente está alejado del lugar de alimentación. Es por ello que habitualmente basta con poner en un lugar tranquilo de la casa y lejos del recipiente del alimento una bandeja sanitaria con un material adecuado para que el gato utilice dicho elemento a la hora de hacer sus necesidades.

Sin embargo, puede suceder que un gato orine y/o defeque en un lugar inapropiado. Esto puede deberse a un diverso número de factores entre los cuales podemos mencionar:
1- aversión al lugar o al material de la bandeja,
2-preferencia por otro lugar o textura,
3-trastornos de origen orgánico, etc.
De esta manera si un gato no utiliza su bandeja sanitaria a la hora de eliminar sus deposiciones lo más prudente será consultar con el médico veterinario clínico o con uno especializado en comportamiento animal.

Resulta necesario habituar a los gatos no sólo a no temer sino a tolerar las manipulaciones. Para ello es importante realizar una estimulación temprana del cachorro ya que la vivencia de experiencias tempranas no traumáticas es de vital importancia para su adecuado desarrollo comportamental. Para ello serán necesarias dos acciones:
-La primera consiste en que uno comience a manipular al gatito desde muy pequeño y por cortos intervalos de tiempo a fin de facilitar la habituación del cachorro a dicho manejo.
-La segunda consiste en realizar las denominadas visitas no traumáticas al médico veterinario con la mayor frecuencia posible desde que el cachorro es muy pequeño. En este tipo de visitas en principio uno lleva al gatito a la clínica sin que el mismo sea forzado a tolerar la restricción física sino que es premiado con un trozo de algún alimento adecuado. Luego de varias repeticiones para el gato será placentero ir a visitar a su médico veterinario quien por entonces gradualmente irá acostumbrando al pequeño no sólo a tolerar las manipulaciones sino a disfrutarlas ya que inmediatamente luego de cada acción lo recompensará por su buen comportamiento.

A diferencia del perro que es una especie básicamente social, los gatos son una especie territorial y de hábitos más bien independientes. Esto hace que habitualmente sean ellos quienes buscan el contacto con la gente y no siempre acepten de buen grado que la iniciativa del contacto la tomen las personas. De esta manera si estamos frente a un gato adulto desconocido lo más prudente será que no intentemos agarrarlo a menos que el animal se acerque y se muestre muy amistoso.

En estos casos uno debería saber que si intenta separar dos gatos que se están peleando existe un alto riesgo de ser agredido por uno o ambos animales. Esto es así debido a lo que denominamos agresión redirigida. Esto significa que un animal redirige su agresividad hacia el individuo que trata de separarlo de la pelea. Este comportamiento no es totalmente voluntario sino que sucede porque un animal altamente excitado muchas veces no puede inhibir su agresividad si es repentinamente separado de su contendiente. De esta manera y para evitar males mayores lo más prudente será no intervenir utilizando el contacto físico sino dejar que la pelea finalice y ubicar momentáneamente a los gatos en ambientes separados para luego consultar con su veterinario o eventualmente utilizar algún elemento que pueda ser ayudar a lograr el objetivo. En estos casos el uso de agua puede dar buenos resultados.

                          

En estos casos hay que tener en cuenta que un perro o gato herido probablemente no sólo esté padeciendo dolor sino también experimentando miedo y que ambos, muchas veces, pueden facilitar la aparición de agresión. Es por ello que en estos casos lo más adecuado será actuar con prudencia al acercarse al animal.
Será necesario acercarse en posición agachada (cuclillas) sin  mirar fijamente al animal. Si no hay signos de agresión podremos continuar acercándonos pero siempre estando atentos a la postura corporal del animal y ante cualquier signo se agresión, por más mínimo que fuera, será necesario interrumpir momentáneamente el acercamiento.

El castigo, cuando esté indicado, debe estar directamente relacionado con el comportamiento en cuestión y aplicado en el preciso instante en que éste se produzca. Debe ser breve, efectivo y no exagerado, caso contrario no será eficaz y producirá efectos indeseables tales como miedo, ansiedad y agresión.

No es de utilidad castigar al cachorro luego de realizado un acto inadecuado. Esto no sólo es ineficiente sino que puede alterar profundamente el vínculo con el animal lo cual puede traer aparejado que el mismo se manifieste temeroso o agresivo.

Cuando una familia decide adoptar un perro proyecta hacia el futuro cómo desea que sea la relación con el animal y lo que espera acerca del comportamiento de su futuro compañero.  A esta situación la denominamos "realidad virtual". Realidad, porque es lo que la familia verdaderamente espera que suceda durante la relación con su nuevo integrante.  Virtual porque es sólo una expectativa.  Por lo tanto, si bien para la familia esta idea acerca de cómo será el vínculo es real, en la práctica, cuando el perro ingresa en su nuevo hogar, esto no siempre se cumple. Además un hecho importante a tener en cuenta es que un perro no es “algo” sino “alguien”, aunque si bien será un miembro más de la familia no es un ser humano más. Por tales motivos una de las primeras cosa a tener en cuenta es que uno puede elegir al animal cuyas características tanto físicas como comportamentales se adapten mejor no sólo a sus gustos sino también a sus necesidades.  En otras palabras, puede tratar de que la mencionada realidad virtual sea lo más parecida posible a la realidad concreta. Para ello las variables a tener en cuenta y sobre las que resultará adecuado solicitar asesoramiento profesional son: raza y sexo del cachorro que mejor se adecuen a las necesidades de la familia, elección del criadero, elección del cachorro y educación del mismo.

En el caso de decidirse por un ejemplar de pura raza uno puede tener una idea del perfil comportamental de la misma (ver perfiles comportamentales). 
En cambio, en el caso de un perro mestizo esto se torna más difícil, a menos que conozcamos a sus progenitores.  También en el caso de los mestizos es de utilidad tener en cuenta un fenómeno conocido como "vigor híbrido", que quiere decir que son más rústicos y resistentes que los individuos de razas puras.

Por último, existen otros aspectos a considerar pero que ya dependen sólo de la situación personal de cada familia.  En estos incluimos el costo de un individuo de raza y el placer que en muchas personas causa tener un perro de estirpe. En cambio la adquisición de un mestizo suele no involucrar costo alguno y produce la satisfacción personal de brindarle un hogar a quien tanto lo necesita.

Ninguna.

Lo primero que uno debe tener en cuenta a la hora de elegir un criadero son las condiciones sanitarias del mismo. Resultará adecuado no sólo conocer las instalaciones sino también la forma de crianza de los cachorros. Esto último está relacionado con el segundo ítem de importancia, es decir evaluar la socialización que han recibido los cachorros. Lo más adecuado será elegir un criadero que tenga óptimas condiciones sanitarias y que no críe los cachorros en caniles exclusivamente sino que los provean de la estimulación y socialización adecuadas para que ellos se puedan adaptar fácilmente al nuevo hábitat en el cual vivirán. De todas maneras a la hora de elegir no sólo un criadero sino también el cachorro que nos acompañará gran parte de nuestra vida será conveniente ir acompañado de un médico veterinario clínico o especializado en comportamiento quienes podrán no sólo evaluar al criadero sino a los propios cachorros. 

Dr. Claudio Gerzovich Lis
M.V. Especialista en Comportamiento Animal
Responsable General del área de Comportamiento

Entre otros premios recibidos ha sido como :
Científico Sobresaliente del Siglo 20, 
Hombre internacional del Milenio. 
Distinciones otorgadas por el
Centro biográfico Internacional de Cambridge, Inglaterr
a
.




 

   

    



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