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Cuando se quiere prevenir un problema es muy
importante que se sepa cual es su causa y en lo que a
comportamiento se refiere hay diversos puntos de vista.
La gran mayoría de
los médicos veterinarios piensa que los dueños de los animales son
la causa del problema. Según los clínicos los propietarios
malcrían a los animales de tal manera que provocan, consciente o
inconscientemente, la aparición de comportamientos indeseables.
Sin embargo, si bien la influencia de los
propietarios suele ser de fundamental importancia en la aparición
de muchos de los trastornos del comportamiento canino, dicha
influencia está lejos de ser la única causa de los mismos.
Por el contrario para la mayoría de los dueños y
para muchos entrenadores caninos la principal causa de los
mencionados trastornos habría que buscarla exclusivamente por el
lado de los animales, especialmente porque creen que éstos no
entienden o no obedecen lo que ellos les enseñan. Por tal motivo
suelen someterlos a largos procesos de adiestramiento.
Si bien un adiestramiento correcto, realizado por un buen
adiestrador, puede ser un buen elemento para ayudar a prevenir y
a resolver algunos de los trastornos del comportamiento canino el
mismo está muy lejos de ser un tratamiento por si solo.Esto
es así por dos motivos.
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Primero parte del error conceptual de creer que
enseñándole ejercicios al perro se modificará un comportamiento
indeseable o anormal.
Salvando las distancias es como pretender tratar un trastorno de
comportamiento en un niño enseñándole a sumar o a leer.
Estas tareas pueden contribuir y ser de ayuda pero no solucionarán
el problema.
*
El otro motivo parte del error conceptual de
desconocer que los trastornos del comportamiento pueden ser
verdaderas patologías, orgánicas o comportamentales, por lo
que requieren de una profunda evaluación que sólo puede ser
realizada en forma adecuada por un médico veterinario con
formación en el área del comportamiento animal.
En mi opinión, el origen de muchos de los problemas
comportamentales reside en la relación entre los propietarios y
sus animales, es decir en los comportamientos que llevan a cabo
los seres humanos y los animales para mantenerse en contacto.
En la sociedad moderna este vínculo comienza antes de la
adopción de los animales; cuando una familia decide adoptar un
perro planea a futuro cómo piensa que será la convivencia con el
miembro no humano de la familia. Esa proyección origina una
realidad virtual la cual luego, cuando el perro comienza a vivir
con la familia, se enfrenta a una realidad concreta. Si en el
futuro ambas realidades no son compatibles, es muy probable que
aparezcan problemas de convivencia que nosotros denominamos
problemas de comportamiento.
Es por ello que, si se habla de prevención, por un
lado se debe seleccionar un perro que sea compatible no sólo con
el gusto sino también con las necesidades del grupo familiar que
lo recibe y por el otro asesorarse acerca de la educación que
recibirá el nuevo miembro de la familia.

En este ítem
resulta necesario que el futuro propietario responda las
siguientes preguntas:
¿Qué raza elegir?
Si bien la
manifestación del comportamiento depende principalmente de la
influencia que el entorno ejerce sobre el cachorro, no hay que
desconocer que existe variabilidad en lo que respecta a los
perfiles comportamentales de las diferentes razas caninas. Esto no
significa que la genética determine la manifestación de un
comportamiento ni que las razas de perros estén "programadas" para
comportarse de una determinada manera, sólo significa la
existencia de algunas variaciones en lo que respecta a una mayor o
menor tendencia a presentar, en términos de probabilidades,
algunas de las características comportamentales por parte de las
diferentes razas caninas.
En otras palabras, la
variable genética no constituye, ni mucho menos, un programa
rígido sino que sólo aporta una pequeña información comparada con
la que aporta variable ambiental en la expresión final del
comportamiento
Por tal
motivo el conocimiento de los perfiles comportamentales será de
ayuda para elegir la raza cuyo perfil sea más compatible con las
necesidades de los futuros propietarios pero
sólo un primer y pequeño
paso para lograr una convivencia en armonía.
Obviamente a la hora de elegir una raza también deben tomarse en
cuenta otras variables como por ejemplo el tamaño y tipo de
pelaje.
¿Qué
sexo?
Existen
características comportamentales que presentan dimorfismo sexual.
Por ejemplo los machos suelen ser más dominantes que las hembras
con respecto a sus dueños. Debido a ello nosotros podemos deducir
que ciertos comportamientos serán más intensos en un sexo que en
el otro y sobre esta base uno puede seleccionar el sexo del
cachorro más compatible con las necesidades del futuro
propietario, obviamente en términos de probabilidades.
¿Dónde comprarlo?
Resulta importante elegir cuidadosamente el lugar donde uno va a
comprar un cachorro. Los lugares adecuados son aquellos que no
sólo muestren la existencia y utilización de correctas medidas
sanitarias sino que también provean a los cachorros de la
estimulación necesaria para permitir una adecuada socialización de
los mismos. Debido a que muchos de los trastornos de
comportamiento se deben a condiciones inadecuadas de crianza, este
es uno de los puntos más relevantes a tener en cuenta antes de la
adopción de un cachorro.
¿Cuándo adoptarlo?
Con el propósito de permitir una adecuada
socialización del cachorro junto a sus hermanos de camada pero a
su vez de facilitar la continuación de dicho proceso junto a la
futura familia humana, el mejor momento para la adopción es cuando
promedia el período de socialización, es decir alrededor de la
séptima semana de vida.
¿Qué cachorro elegir?
Como ya mencionamos previamente los cachorros no nacen
"programados" para comportarse de una determinada manera.
Sin embargo, nosotros hemos observado que existen diferencias de
grado en lo que respecta a la forma de comportarse de los
distintos cachorros que componen una camada. Si bien dichas
diferencias sólo marcan tendencias comportamentales momentáneas y
provisorias, las cuales pueden variar enormemente durante el
desarrollo del cachorro, es conveniente tomarlas en cuenta
en el momento de la elección del cachorro. Para ello existen
diferentes pruebas o tests que uno puede realizar, siendo
el Test de Campbell el más conocido de ellos.

Estos aspectos son sumamente importantes para prevenir la
aparición de la mayoría de los trastornos del comportamiento
canino. Si como mencionamos antes uno adopta un cachorro
cuando éste tiene aproximadamente 50 días de vida, es decir en
pleno período de socialización (4ta a 12da
semanas de vida), resulta de vital importancia participar
activamente tanto en el desarrollo como en la educación del mismo.
En lo que respecta al desarrollo resulta fundamental proveer
al cachorro de una estimulación adecuada a fin de prevenir el
síndrome de privación. También hay que enseñarle los
autocontroles y la posición jerárquica que tendrá dentro del grupo
familiar a fin de evitar la aparición de agresión y sociopatías.
Finalmente será necesario inducir el desapego del cachorro con el
propósito de prevenir la aparición de la ansiedad por separación
entre otros trastornos.
En lo
referente a la educación será preciso enseñar al cachorro
las normas de conducta que regirán durante la convivencia.
Para ello será necesario que la familia previamente se
ponga de acuerdo en cuales serán dichas normas y que cada uno de
los miembros se comprometa a cumplirlas a lo largo del tiempo.
La motivación debe ser la base del aprendizaje, de modo
que el vínculo con la familia sea positivo, ya que el
castigo usualmente lo deteriora.
Luego de ello la coherencia, la firmeza y la paciencia para
enseñar dichas normas serán necesarias para lograr el objetivo
deseado: una convivencia en armonía.
Claudio Gerzovich
Lis
Médico
Veterinario
Especialista
en Comportamiento
Animal
Bibliografía
Campbell, WE.
Behavior problems in dogs.
American Veterinary Publications. California EEUU.
1992
Gerzovich Lis, C. Nuestro perro:
uno más de la familia.
Planeta. Buenos Aires. Argentina. 1998
Hart, B.L. and Hart, L.A. The
perfect puppy. W.H. Freeman and Company.
New York. EEUU. 1985
Pageat, P. Patología del
Comportamiento del perro. Pulso ediciones. Barcelona. España.
2000. |